From “Pequeñas cordilleras de sargazo” [“Si los templos donaran”]

Si los templos donaran sus columnas los pájaros tendrían de donde hilar los matices de sus cantos. El tornamesa y los discos de la infancia. Mamá siempre ponía el mismo para despertarnos entre semana. Antes, había sido el silbato de la fábrica de papel, pero se quedó cerrada después de una huelga. Las campanas todavía llaman a misa. El arco olvidado en un llano. La flecha caída antes del blanco de centro rojo como la herida en tu cabeza. La neblina no dejaba ver lo que venía después de la curva, pero podía distinguir las puntas de los pinos. Mis ojos les colgaban cuerdas en caso de que cayéramos por el precipicio. Pencas de henequén crecían en las cubiertas de los barcos. Cuando se partió el pan de centeno, un apacible calor se extendió a los otros granos. Frente a la cripta de nuestro abuelo en el Panteón Español, Lorenzo tocaba su violín, un Día de muertos, cuando le llevamos conchas, una lata de root beer y un libro de poemas.

Source: Poetry (May 2026)